
Con este modelo, la empresa ha puesto en marcha una auténtica «revolución hiperbólica» que cambia la forma de aletear. Lo que más nos ha llamado la atención es su versatilidad, su capacidad para adaptarse tanto a la acción lenta y medida propia de las inmersiones profundas como a la aleteada más corta y nerviosa que se utiliza en aguas poco profundas, quizá entre espuma y corriente
Nilo Mazzarri
En los últimos años, el mundo de las aletas de carbono ha seguido una dirección muy concreta. Palas cada vez más largas, búsqueda del máximo rendimiento a grandes profundidades y modelos cada vez más especializados, capaces de destacar en una situación determinada, pero a menudo menos versátiles cuando el día cambia de ritmo. Sin embargo, quienes practican la pesca submarina saben bien que el mar rara vez sigue nuestros planes.
Una salida pocas veces comienza con un descenso al límite de nuestras posibilidades. En la mayoría de los casos, entramos en el agua y empezamos en poca o media profundidad para recuperar el ritmo, leer el mar, observar la actividad de los peces, comprender la corriente y dejar que el cuerpo recupere gradualmente la sintonía adecuada con el entorno. Inmersión tras inmersión aumenta la relajación, mejora la apnea y resulta natural desplazarse hacia cotas cada vez más exigentes.
En poco tiempo cambian el fondo, la técnica y la forma de aletear. Por consiguiente, también cambian las cualidades que exigimos a nuestro equipo. Y es precisamente en esta evolución constante donde una aleta demuestra su verdadero carácter.
Personalmente, utilizo casi siempre palas largas de carbono, concebidas principalmente para un determinado uso, pero que con la experiencia he aprendido a adaptar prácticamente a cualquier técnica. Creo que es lo que hacen muchos pescadores: elegimos una pala que conocemos bien y después la llevamos a todas partes, desde aguas poco profundas hasta las cotas más exigentes, modificando nuestra forma de aletear para compensar sus virtudes y limitaciones. Una adaptación que termina siendo natural, pero en la que, al fin y al cabo, es siempre el pescador quien debe adaptarse a la aleta.
Antes de probar las Pulse de Cetma Composites, al menos según mi experiencia, todavía no había encontrado una pala realmente concebida desde otro enfoque: no un modelo especializado que hubiera que adaptar a todo, sino una aleta diseñada desde el principio para acompañar una jornada de pesca que cambia continuamente. De esta filosofía nace la Pulse.
Lo primero que llama la atención es la pala de 66 centímetros desde el pliegue, una medida que va a contracorriente de la tendencia de los últimos años, cuando la búsqueda de prestaciones ha pasado casi siempre por aumentar la longitud. Reducirla, sin embargo, no significa necesariamente renunciar al rendimiento. Significa buscarlo de otra manera.
El corazón del proyecto es, de hecho, la nueva curvatura hiperbólica, estudiada para hacer trabajar la pala de una forma diferente a la de una aleta tradicional. A ello se suman un nuevo laminado de carbono y un proceso de fabricación propio que, al menos sobre el papel, prometen una respuesta más rápida, una deformación más uniforme y una mejor recuperación de la energía. Sin duda, resulta interesante, pero como siempre es el mar el que debe demostrar si todo ello tiene realmente sentido…
Cuando el mar cambia de ritmo
Utilicé las Pulse durante siete u ocho salidas, sin modificar mi forma de pescar y sin buscar situaciones preparadas específicamente para ponerlas a prueba. La idea era sencilla: utilizarlas como habría hecho con cualquier aleta destinada a formar parte de manera permanente de mi equipo. Las primeras sensaciones llegan incluso antes de sumergirse a profundidad.
Durante los desplazamientos cortos en superficie, la pala resulta ágil y agradable. No necesita una aleteada amplia para empezar a trabajar y permite alternar fácilmente movimientos lentos, casi silenciosos, con breves aceleraciones cuando es necesario alcanzar rápidamente una zona interesante. Puede parecer un detalle secundario, pero una parte importante de la acción se desarrolla precisamente en superficie. Es allí donde se observa la actividad de los peces, se estudia el fondo y se decide cómo afrontar la siguiente inmersión.
En aguas poco profundas bastan unas pocas aleteadas para alcanzar rápidamente el fondo. Una vez apoyado entre las rocas, aparece uno de los aspectos que más he valorado. La pala corta sigue el cuerpo con naturalidad, permite movimientos rápidos y hace realmente sencillos esos pequeños desplazamientos continuos tan característicos del acecho. Detenerse, arrancar de nuevo, corregir la trayectoria o avanzar lentamente entre las rocas se convertía en un gesto natural, sin tener que pensar continuamente dónde «aparcar» las aletas.
Con el paso de las horas, la jornada de pesca se desplazó progresivamente hacia cotas mayores y fue entonces cuando empecé a comprender mejor el carácter de la Pulse. Normalmente, un modelo muy reactivo tiende a ofrecer una respuesta más seca y exigente, mientras que una pala más progresiva acompaña mejor el movimiento, pero a menudo pierde algo en las aceleraciones. La Pulse intenta unir estos dos mundos.
La respuesta es rápida. La pala entra rápidamente en acción y devuelve energía desde las primeras aleteadas, pero continúa acompañando el movimiento con una progresión realmente natural. Es una característica que se percibe sobre todo cuando, durante la misma salida, se pasa continuamente de movimientos cortos y rápidos en aguas poco profundas a descensos más relajados, planeos, esperas profundas y ascensos.
Durante la inmersión, después de las primeras aleteadas necesarias para ganar velocidad, bastan pequeños movimientos de los tobillos para utilizar las palas casi como un timón. Las correcciones de trayectoria resultan precisas y naturales y permiten llegar exactamente al punto deseado sin interrumpir la fluidez del planeo. También durante el ascenso la respuesta se mantiene siempre homogénea. Las primeras aleteadas proporcionan inmediatamente un empuje eficaz, mientras que después es posible alargar el movimiento y mantener un ritmo regular sin notar rigidez.
Más que la potencia absoluta, me llamó la atención la forma en que cada movimiento se transforma en avance. Es una sensación difícil de describir con palabras, pero muy fácil de reconocer después de unas horas de uso.
Más allá del cantil
Entre las capturas realizadas durante las salidas de prueba hubo una que, más que ninguna otra, me permitió comprender el carácter de las Pulse. Me encontraba cerca de un cantil situado alrededor de los 22 metros, con una caída que desaparecía en el azul más allá de los treinta. El agua estaba especialmente limpia y, durante la inmersión, vislumbré a lo lejos la silueta de un mero en vertical, inmóvil justo por debajo del borde. Estaba demasiado lejos para intentar acercarme, así que preferí interrumpir la inmersión y ascender lentamente, manteniéndolo vigilado mientras me fue posible.
Una vez en superficie, me desplazé unos metros sobre la vertical del cantil y comencé a recuperar. Intenté bajar las pulsaciones, relajarme y reconstruir mentalmente la siguiente inmersión, imaginando la trayectoria del descenso y el punto exacto en el que tendría que asomarme más allá del borde.
Cuando me sentí preparado, inicié el segundo descenso. Las primeras aleteadas fueron decididas, lo suficiente para ganar velocidad durante los primeros metros. Una vez alcanzada la inercia necesaria, fui reduciendo progresivamente el ritmo hasta dejarme llevar hacia el fondo en un descenso casi en hoja muerta. En esta fase, las Pulse cambiaron completamente de función: ya no servían para impulsarme, sino que se convertían casi en un timón. Con pequeños movimientos de los tobillos podía corregir continuamente la trayectoria y llegar exactamente al punto que había imaginado durante la recuperación.
Mientras tanto, el mero había desaparecido. Continué siguiendo la línea prevista y, al llegar unos metros antes del cantil, recorrí el último tramo mediante un breve acecho, utilizando el borde como cobertura. Aquí eran necesarios movimientos completamente diferentes: aleteadas cortas, silenciosas y controladas, suficientes para avanzar sin alertar al animal. La pala seguía el cuerpo con naturalidad y nunca daba la sensación de ser voluminosa entre las rocas.
Cuando me asomé lentamente más allá del cantil, el mero estaba allí. El disparo salió por instinto y dio en el blanco, pero la reacción del pez fue inmediata. Intentó con todas sus fuerzas alcanzar la base de la caída. En ese momento no estaba pensando en las aletas, sino únicamente en impedir que ganara esos últimos metros. Me separé inmediatamente del fondo y comencé a aletear con decisión. Todo ocurrió de una manera extremadamente natural: cada movimiento se transformaba inmediatamente en avance, permitiéndome contrarrestar la huida sin tener que modificar mi aleteada ni endurecer el gesto. Una vez separado del fondo, abrí el carrete y completé el ascenso con calma, disfrutando por fin de la captura.
Al repasar aquella inmersión, me di cuenta de que, durante una misma acción, había pedido a las Pulse comportamientos completamente diferentes: una respuesta rápida durante los primeros metros del descenso, precisión durante el planeo, pequeños movimientos silenciosos durante el acecho y un potente empuje en el momento más delicado de la lucha. Fue precisamente entonces cuando comprendí su verdadera identidad. No tanto una aleta capaz de hacerlo todo, sino una aleta capaz de acompañar al pescador cuando una misma acción exige características que normalmente parecen opuestas.
Su verdadera identidad
Después de siete u ocho salidas, me convencí de que la Pulse no ha nacido para perseguir un rendimiento extremo, sino para responder a una necesidad que muchos aficionados conocen bien: afrontar una jornada que cambia continuamente sin sentirse limitado por el equipo.
Hoy en día, el mercado ofrece numerosos modelos altamente especializados, diseñados para ofrecer el máximo rendimiento en un contexto determinado. Es una filosofía que comparto y que sigo valorando. Yo también utilizo a menudo palas largas de carbono, concebidas principalmente para la profundidad, y después las adapto a las demás técnicas cuando la jornada lo requiere. La Pulse, en cambio, sigue un enfoque diferente, intentando acompañar al pescador durante toda la salida en lugar de destacar únicamente en un momento concreto.
Naturalmente, esto también significa aceptar algunos compromisos. Si tuviera que afrontar una jornada de verano dedicada íntegramente a la pesca en el azul, sabiendo de antemano que pasaría muchas horas siempre en las mismas cotas profundas, probablemente elegiría una aleta más especializada, diseñada específicamente para ese tipo de uso. Sin embargo, al menos para mi forma de vivir el mar, esas salidas representan solamente una parte de la temporada.
Si, por el contrario, salgo desde tierra sin saber cómo evolucionará la jornada de pesca, si tengo que afrontar un entrenamiento, una competición o una salida en la que alternaré continuamente aguas poco profundas, media profundidad, esperas, acechos y algún descenso más exigente, entonces las Pulse se convierten en unas de las primeras aletas que tendría en cuenta.
Es precisamente en estas situaciones donde aparece su carácter. La respuesta se mantiene siempre rápida sin llegar a ser nerviosa y acompaña el movimiento con una progresión siempre natural, logrando reunir dos cualidades que normalmente tienden a contraponerse: una buena reactividad en las aceleraciones y una fluidez que permite pasar muchas horas en el agua sin tener la sensación de llevar en los pies una pala demasiado exigente.
Consideraciones finales
Después de varias semanas de uso, la sensación que me queda es la de una aleta equilibrada, agradable de utilizar y, sobre todo, capaz de adaptarse a los continuos cambios que caracterizan una jornada normal en el mar. Desde la aleteada silenciosa en superficie hasta los acechos entre las rocas, desde las esperas más profundas hasta el ascenso, mantiene siempre un comportamiento coherente sin obligar al pescador a modificar su forma de trabajar.
Como decía, no es la aleta que elegiría para una jornada dedicada íntegramente al azul, pero sin duda la metería en la mochila cuando sé que la jornada de pesca puede evolucionar de diferentes maneras y exigir técnicas distintas. Es precisamente esta versatilidad, más que la búsqueda de un rendimiento extremo, lo que más me ha convencido.
En un mercado cada vez más orientado hacia productos altamente especializados, Cetma ha elegido recorrer un camino diferente. Una elección que, al menos según mi experiencia, ha encontrado una confirmación concreta en el mar.
Ficha técnica
Material de la pala: Carbono HM-HR Hot Melt Pre-preg
Longitud desde el pliegue: 660 mm
Anchura: 185 mm
Ángulo pala/calapín: 33°
Geometría: curvatura hiperbólica
Tecnología de fabricación: OOT (Out of Autoclave Technology)
Calapín: Cetma Swing
Producción: 100 % Made in Italy

